| 3 cuotas de $8.300,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $24.900,00 |
| 1 cuota de $24.900,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $24.900,00 |
| 3 cuotas de $8.300,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $24.900,00 |
| 2 cuotas de $12.450,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $24.900,00 |
| 12 cuotas de $3.224,34 | Total $38.692,11 | |
| 24 cuotas de $2.199,40 | Total $52.785,51 |
| 18 cuotas de $2.502,04 | Total $45.036,63 |
| 12 cuotas de $3.831,28 | Total $45.975,36 |
No sé en qué momento lavar los platos empezó a necesitar tanta cosa de plástico, colores estridentes y objetos que una quiere esconder apenas termina de usarlos.
Este cepillo me encantó justamente por lo contrario.
Tiene algo de esas cocinas antiguas donde hasta los objetos más simples tenían una estética especial. El mango de bambú, el ganchito para colgarlo, esa forma medio retro… es un cepillo para lavar platos, ollas y sartenes, sí, pero tiene una pinta completamente distinta a la del típico cepillo que termina perdido abajo de la pileta.
Y para mí ahí está la gracia.
Porque hay un montón de cosas que usamos todos los días y que no podemos evitar tener a la vista. El cepillo, el detergente, el repasador, la esponja… entonces, si van a estar ahí, yo prefiero que además de cumplir su función tengan algo lindo.
Este lo dejás al lado de la pileta y parece parte de la cocina. De hecho, tiene tanta onda que casi da un poco de pena usarlo para lavar 😂
Medidas: 23,5 cm de largo × 6 cm de ancho en la cabeza.
Mango: madera de bambú.
Cerdas: nylon.
Y hay poquísimos, así que si te gustó tanto como a mí, no lo dejaría para después.
