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Spoiler alert: se viene una historia personal bastante desagradable 😂
Pero tiene que ver con este portapalillos, así que me parece que vale la pena contarla.

Yo tenía los escarbadientes en la típica cajita de plástico porque eran para los invitados. Los compraba, los guardaba y listo. Jamás pensé que algún día iba a necesitarlos yo.

Hasta que llegaron las incrustaciones en la boca, mis dientes ya no fueron los mismos y la comida empezó a encontrar lugares nuevos donde instalarse. Y ahí los escarbadientes pasaron a ser parte bastante habitual de mi vida. A veces, incluso, ni el hilo dental da abasto.

Y últimamente se me sumó otro problema: sacar uno de la cajita se convirtió en una prueba de paciencia, que la verdad no es mi mejor don, no es precisamente lo que me sobra. Y para esa hora de la cena (entre paréntesis), ya prácticamente estoy en negativo 🤣

Metía el dedo, salían dos, se trababan, se caían… y yo ya no estaba para esas cosas, pues señora grande.

Así que cuando vi este portapalillos pensé: mirá vos, esto era algo que no sabía que iba a necesitar.

Es de cerámica, tiene su tapita y, aunque el concepto del escarbadientes no sea precisamente lo más encantador del mundo, al menos ahora tiene un lugarcito lindo donde vivir.

Y me encanta para cuando viene alguien y te pide uno. En vez de aparecer con la cajita de plástico toda deformada, le alcanzás este portapalillos con su tapita. Queda lindo en la mesa y cumple perfectamente su función.

Además, combina espectacular con el salero de cerámica. Dos objetos chiquitos, de esos que una jamás pensó que iba a considerar lindos… pero acá estamos.

Material: cerámica
Medidas: 5 × 4 cm
Apto lavavajillas: sí